jueves, 9 de septiembre de 2010

Aquilino Duque


Tras cruzar una fornida verja, recorro un pequeño camino de tierra hasta la casa del escritor Aquilino Duque (Sevilla, 1931), licenciado en Derecho, miembro de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras desde 1981, profesor de lengua española en diversas universidades extranjeras, funcionario internacional en Ginebra y Roma. Su obra abarca desde ensayos, artículos, poesía, traducciones, novela. Posee diversos premios, entre ellos, el Nacional de Literatura de 1975 por su obra El Mono Azul, siendo finalista del Nadal por la misma obra, el Washington Irving de cuentos, el premio Leopoldo Panero (1968) y el Fastenrath (1972) de poesía.

Me recibe afectuoso y amable y nos sentamos en su luminosa y agradable biblioteca.


Cuando se leen comentarios sobre usted, se encuentran adjetivos como integro, honesto, también se lee: políticamente incorrecto, fiel a sus principios, todo como algo excepcional o fuera de lo común. ¿Sorprende tanto en la España actual que un personaje público tenga un criterio propio sólido y sea fiel a sus principios?

Pues sí, es bastante sorprendente. La literatura de testimonio, de moda hace unos años, ponía el grito en el cielo constantemente, eran antifranquistas por sistema, hoy no protestan por nada. Esa supuesta “inteligenzia” tiene un doble discurso, uno pretendidamente democrático y “progresista” y otro de defensa de las dictaduras comunistas. Yo pienso que, según las circunstancias, hay democracias buenas y malas, y hay dictaduras buenas y malas, dictaduras que, en un momento dado, restablecen la prosperidad de un país, vease el caso de Chile por ejemplo.

¿Por qué esa habilidad de la izquierda para adueñarse de la intelectualidad, de la cultura?

“La derecha se cura leyendo” se decía, yo diría ahora que la izquierda se cura leyendo. La izquierda, infiltrada en todos los estamentos del Movimiento, supo hacerse con la propaganda, con la educación, minar el sistema desde adentro. Los intelectuales, los escritores de la “derecha” han sido olvidados por sistema, incluso los asesinados como el poeta malagueño del 27 José Mª de Hinojosa ha corrido suerte contraria al también asesinado Lorca, éste mitificado, aquél borrado de la memoria.

Santiago Carrillo es, hoy por hoy, un héroe de la llamada “transición española”. Implicado en la matanza de Paracuellos, estalinista, amigo intimo del tirano comunista Ceaucescu, ¿se le perdona todo a estos personajes que yo llamaría comunistas vividores?

El exilio comunista español, al que yo traté por mi condición de funcionario internacional, vivían como reyes, amparados por el Partido Comunista ruso. Prieto y Negrín expoliaron al PSOE, pero el Partido Comunista español sí disponía de fondos ilimitados. Como decía antes, han sabido controlar la propaganda y han dispuesto de medios materiales para ello.

Hace poco se ha reeditado su novela La Rueda de Fuego, obra de 1970 calificada como experimental ¿es una obra difícil para el lector?

En absoluto, quizás en 1970 si, pero no para el lector actual, es asequible al lector medio de hoy. Quizás entonces ofrecieran cierta dificultad algunos pasajes en inglés y francés que aparecen en boca de algunos personajes, pero son frases que se entienden por su contexto. Yo necesito oír a mis personajes, me los hace creíbles escucharlos en su lengua natural, con sus sintaxis y sus modismos propios.

Usted fue Premio Nacional de Literatura en 1975 con su novela El Mono Azul, en ella se muestra un gran respeto por esos campesinos y obreros que, por ciertas condiciones sociales, cayeron en brazos del comunismo o el anarquismo, pero fue gente que conservó el sentido del deber, de la honestidad. ¿La clase trabajadora actual ha perdido esos valores?

Esa novela también fue finalista del premio Nadal y no lo ganó porque al jurado le dio miedo dármelo, por mis ideas políticas. Entonces yo vivía en Roma y, hasta entonces, existían dos premios nacionales, el José Antonio de poesía y el Cervantes de narrativa, el de poesía desapareció y al Cervantes se le cambió el nombre. En Italia no se publicó porque al editor le pareció una novela demasiado liberal. Hubo quien opinó que El Mono Azul es la obra de la verdadera “reconciliación nacional”.
En cuanto a los trabajadores de hoy día, forman parte de una clase media creada en la prosperidad del franquismo, pero educados en el conformismo y la antiespaña.

Recientemente también ha sido reeditada su divertida novela El piojo rojo, entre otros personajes, se satiriza a esos típicos progres, embaucadores que viven a costa del mito revolucionario, personajes de plena vigencia en la España zapateril ¿Es el progre de hoy más patético que nunca?

El progre de hoy no tiene una utopía que ofrecer, tras la caída del socialismo en Rusia y toda Europa del Este apenas les quedan referentes de países con régimen marxista, su postura es destructora, antes en base a ese futuro radiante, eso hoy ya terminó, no piensan en el futuro, sino en disfrutar. Mantienen el folklore revolucionario, con Cuba, Venezuela, etc.

Usted fue pionero en la valoración y reivindicación de Doñana. Su obra El Mito de Doñana se adelanta a la moda ecologista actual ¿cómo ve a esos grupos llamados verdes que denuncian atentados ecologistas según el color del gobierno del momento?


El Mito de Doñana combate el ecologismo de conveniencia política. El ministro Robles Piquer me encarga el libro, pero tras la caída del gobierno Arias Navarro, estuvo paralizado un par de años.

En un bonito artículo suyo, El mapa incompleto, donde se refiere a su obra autobiográfica El rey mago y su elefante, recuerda su infancia y cuenta, en una sutil y elegante ironía, la perdida de una pieza de madera en un viejo puzzle del mapa de España, la correspondiente a las provincias vascongadas. ¿Se ha perdido definitivamente esa pieza, estamos desintegrando el puzzle?


Aún confío en que España reaccione, el pueblo español, a España la salvarán los españoles. La gente tiene miedo, pero tengo la esperanza de que al final despierten. No se trata de que llegue un salvador, aunque un personaje con determinado perfil no sería mal recibido, pero es muy improbable que eso ocurra, además como ya digo la salvación debe venir de los mismos españoles.

Por último Aquilino, ¿echa algo en falta en su extensa bibliografía?, ¿quizás, como usted mismo ha manifestado, ese Ulyses español?

No echo nada en falta en mi obra, entre otras cosas porque no es una obra aún cerrada, está incompleta porque mi vida sigue. No me planteo tampoco el crear obras trascendentes, lo que persigo es que mi obra sea amena y fácil para el lector, que lo pase la gente bien leyéndome. Y, si acaso, dar testimonio de una época.




Una entrevista de Javier Compás para Minuto Digital

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